Existen cosas para ser admiradas a la distancia, objetos de deseo de muchos pero que solo unos cuantos en una vida alcanzarán. Están ahí, como entes indiferentes, cuya belleza y esplendor se magnífica por el que solo puedan percibirles a la distancia. Saciando la sed de poseerles con conformarse al contemplarles, para admiradores lejanos, enamorados de lo imposible.
De un lado, aquí de pié observando, consumido por los deseos, angustiado por la impotencia, encarcelando palabras que arden adentro, ahogándolas con suspiros y disimulándolas con malos gestos.
Lo hermoso, lo increíblemente perfecto, tan lejano como el atardecer en el horizonte y tan cerca como un objeto detrás de la vitrina.
Ese frio, insípido y plano cristal, solo empañado por el aliento, transparente en cambio, que se burla de mí voluntad, invitando a la locura a invadirme dentro. Frio y verdugo cristal que me dejas contemplar la pasión, la esperanza del amor, el anhelo de la felicidad y te mantienes de pie, intacto, inmune, con una indiferencia que lastima la yema de mis dedos que te recorren tratando de hacer que la sensación se proyecte a través de ti hacia la distancia. Vitrinas insípidas, huecas y sin valor que cobran importancia solo cuando se observa a través de ellas.
Aprendí a controlar el deseo, a guardar las manos atrás y no tocar lo que no puedo pagar, a observar y matar la emoción con la consciencia de mis límites. Al principio los dulces y juguetes, luego las prendas y lujos, las oportunidades y los servicios; poco a poco aprendí a enfocarme sólo en lo que puedo alcanzar, trabajar para poder pagar, pero hoy hay más, el anhelo de amar, la esperanza de la felicidad, el objeto de logro, cosas no tan fáciles de obtener, y menos fácil es comparar el capricho controlable del infante que fui con los deseos que hoy danzan en mis entrañas.
En la suma de los años he pasado vitrina a vitrina, viendo desfilar a mi rededor lo que luego me acompaña solo en sueños; algunas veces, solo algunas, he logrado capturar el recuerdo, imitar la esencia, inhalar el olor, y en los mejores casos me he vuelto observador frecuente, con la posibilidad de regresando a contemplar cuando lo necesito. Con la suma de los años ha madurado mi habilidad y las vitrinas engrosado su cristal.
Amante de causas perdidas, sueños imposibles y esperanzas extintas, adicto a suspiros narcóticos por el deseo distante, testarudo inconforme con la realidad que le ha tocado vivir, cansado de saciarse con espejismos, terco, ciego, sordo y loco, que no acepta el no de las circunstancias, cuya naturaleza le lleva a pelear, a soñar, a anhelar, morir y sacrificar si fuese necesario.
Hoy el corazón no late, hoy el corazón lanza puñetazos desesperados, hoy los pulmones no inhalan aire, se inundan de anhelo, hoy todo en mí demanda un cambio, las células angustiadas al sentir que el futuro se acerca me exigen reacciones cuando aún hay tiempo.
Todo a un solo grito dice que deje de admirar imposibles, de perder el tiempo en ilusiones, de acumular decepciones y esclavizarme con lo que no será, mañana quiero vivir en un presente y no morir estancado en el pasado, exigen deje a esas vitrinas ilusionar, distraer y capturar a otros ingenuos y en cambio viva..